miércoles 2 de noviembre de 2011
jueves 26 de junio de 2008
DESAPARECIDA

domingo 1 de junio de 2008
PERUANOS Y PERUANAS COMO TU
miércoles 13 de junio de 2007
DESAPARECIDA
Desaparecida, próximo proyecto de intervención (octubre año 007)
Día 51
la miseria acariciaba el hambre de mi el estómago con amor
colocando sus manos como brazas.
Entonces supe que tu hijo estaba vivo y se guardaba entre mis intestinos, protegiéndose de mi llanto y de mi rabia.
Tu hijo,
el mismo que entró en mí con violencia,
buscando el refugio desesperado para caer sobre la noche y sobrevivir.
Ahora quema cada parte de mi cuerpo y roba mi comida en el encierro.
Encerrados el y yo, tan juntos sin poder desaparecer.
Tan juntos como inútiles siendo la misma carne.
Y aquí, en este otro lugar oscuro, en este vientre, tu hijo, tan maldito como tu, me pide amor entre estas carnes.
Y tan dentro de mi como tu, mueve su cuerpo golpeando con violencia.
Y yo, tan perdida, tan olvidada, tan sola
me condeno maldiciendo lo único sagrado que tengo en esta celda.
Tu hijo, que no es mas mío, porque me niego a amarlo, sabe que trataré de matarlo esta noche y la noche siguiente hasta conseguirlo.
Cuando despierte por la mañana y no haya podido deshacerlo
sabrá que trataré de castigarlo cayendo tantas veces al suelo en el que me tuviste maldiciendo en voz baja
con un cuerpo resignado que no era más que un bulto tendido.
Caeré tantas veces que mis piernas quedarán rotas al igual que mi vientre
para que él pueda salir a estrecharse con la muerte
para que pueda bajar entre mis piernas como un llanto de sangre
y se aleje de mí para que también la muerte me abrase
para que este cuerpo que no es más un cuerpo
sino una ruma de carne golpeada y torturada, termine y con él:
el canto, el grito, el ruido de nuestros pasos clavados en las paredes como excremento.
Que termine el canto del cuerpo quebrado
inútil ya en su intento de transformase en la fe desaparecida.
Tu hijo traerá la muerte para los dos
y cuando se aleje de mi y la muerte lo acune en su brazo
conseguirá el amor de su madre y será sagrado.
Conseguirá mi amor
Y seremos sagrados en la muerte los dos.
viernes 1 de junio de 2007
miércoles 30 de mayo de 2007
INTERVENIDA
Gracias a mis amigos los poetas Elizabeth Neira (chile) que intervino la portada de mi libro y lo puso como que más hot y a Héctor Hernandez Montesinos (chile) que reescribió algunas partes de mi libro.
[Quiero que ese poema nazca muerto...]
Quiero que ese poema nazca muerto, Cecilia
Escrito con signos desconocidos en la inmensidad del polvo
Con figuras de animales y flores
Porque eso esto realmente me son las palabras
Ya poco me importa ser poeta
En ese país lleno de seudo dioses ásperos y egoístas
Este poema tiene el mismo nombre de su padre
Por eso debe nacer muerto
Con una corona de cruces en la garganta
Y colgado del cordón umbilical en la entrepiernas del mundo
Y a pesar de ser un cadáver
Pedirá a quien lo lea unos ojos que le den resurrección
Y unas manos que lo bauticen
Con la saliva agria de una lengua muerta
A mí no me perdonarán la traición
Y enviarán una plaga de ratas hacia donde me encuentre
Para que me arrastren nuevamente a vivir con ellas
En su río capital empequeñecido y lleno de mierda
Que es su gran metáfora y traición
Me veré tentado, Cecilia
A continuar con su gran mentira
Y aceptar el vino y los laureles que tienen
Para los que poco les importa
Dejar de creer en ellos
Pero cuando nadie me mire
Meteré mi lima de oro por mi culo
Y escribiré llorando entre bestias y hombres
Con los ojos caídos en la tentación
Por eso quiero
Que este poema nazca muerto
Pasarán los años y no cesará de hablarme
Y se reirá de mí porque yo sabía que acá está la muerte
Lo odiaré por saber como todo sucedería
Y me preguntaré:
¿Cuándo escribí con tanta pena y rabia?
Pero será tarde
Porque naciste de todos modos
Lleno de sangre y semen
De tantos cuerpos que jamás me tocaron
Será tuya mi muerte
Y al final yo latiré dentro de ti
Como un corazón sagrado y herido
Y me odiarás con delirio
Porque todo ángel debe aborrecer a su padre
Borrarás mi nombre
Y sólo dejarás un par de letras mudas
Clavadas en algún libro que leerán
Los que vaguen con sus ciudades a cuestas
Huyendo de la salvación
Fui traicionado por los profetas de mi pesebre
Y ningún ángel me dio alguna luz
Ahora mismo podría recibir la muerte y ser mi propio padre
Pero es por eso
Que quiero, Cecilia, que este poema nazca muerto.
jueves 24 de mayo de 2007
Fotografía de portada

(de Fotografías Escritas, segundo edición)
íbamos por el concreto quebrado del patio como dentro de un cementerio que tomaba las paredes con moho y guardaba bicicletas oxidadas y viejas como a las estaciones, también portones apolillados por el sol y la tarde, olvidados.
sobre la nave sin nombre, de tres ruedas pequeñas y asientos de metal, conducían las manos más sucias de polvo de juegos por la tarde, de tierra de hormigueros y cuentos sobre silenciosos campanarios.
y como dos extraños descubríamos que nuestra vida era parecida, que nuestra ropa era de la misma tela gastada de los sacones con botones y sonrisas gigantes y que ambos dormíamos escuchando la ruidosa máquina de coser que las transformaba.
éramos extraños hasta que nos tocaban las manos perfumadas en talco de la muchacha adulta y frágil que tenía los ojos iguales a los nuestros.
y pasando nuestro peso sobre viejas latas de café, mangueras agujereadas, el polvo sin barrer de la vieja casona frente a la plaza o sobre alguna hoja seca que crujía su locura y atropello; nos dábamos cuenta que podíamos recorrer el mundo y su pequeño desorden bajo la mirada de la muchacha con olor a leche en el seno y conduciendo nuestra gran nave de metal con pedales y llantas de goma, con olor a oxido y que se habría paso en esa pequeña jungla de cemento, ese patio que le daba color a nuestra edad tan corta como nuestras piernas que no llegaban al suelo y que nos disolvía en una infancia, ahora guardada entre sonidos junto al oxido de nuestra vieja nave.
miércoles 23 de mayo de 2007
El funeral de la reina

La bestia llevaba sobre el lomo
el cadáver sentado de la reina
que había pedido ser llevada en su trono
durante el cortejo hacia su última morada:
el río seco donde desvestirían su cuerpo helado
para echarlo desnudo y sin gloria
y cubrirlo de piedras
o quizá una gran ciudad.
(extracto de El Funeral de la reina, De Oraciones, canciones y maldiciones de mujeres impuras)
sábado 19 de mayo de 2007
La primera anunciación. Ajos y Zafiros (junio 2006)
Yo quiero que ese niño nazca muerto, María,
Poco me importa ser el padre de un salvador
O el santo que acompañe tu vientre
Tocado por las manos ásperas
De un dios egoísta.
Pondrá sobre tu hijo una corona de espinas
Y lo llevará hacia la cruz de los traidores
Lo llamarán:
El Rey de los judíos
Pero antes será arrastrado por su Jerusalén
Y envidiado por Juan, el hijo de tu prima Isabel,
A ser llamado El Bautista
Que tampoco nace aún en esta tierra
Y tiene ya un destino miserable
Y le pedirá a un hombre que lo lleve a la gloria
Rogará a un tal Judas que lo entregue a los fariseos.
Él venderá su deshonra
Por un lugar en la mesa de los apóstoles
Para la eternidad
Tu hijo
Partirá hacia los brazos de su padre con dos ladrones,
Tendrá sed
Y morirá diciendo
Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.
¿Quién te perdonará a Ti en la vejez?
¿Quién te dará otro hijo sin una
Muerte o dolor
Que se anuncie en la boca de un ángel perverso?
¿Quién te dará otro hijo que no sea arrebatado
Para el perdón de nuestros sabios pecados?
Por eso, joven esposa, yo quiero que ese niño nazca muerto.

Fotografías Escritas. Noviembre, 2002. Dedo Crítico.
preguntas negligentes
me pregunto si podría caber en una palabra
al igual que mi cintura lo hace entre tus manos
y si es así,
nuevamente pregunto si la nombrarías
cuando tu cuello se alargue entre mis manos
y recibas de mi boca,
tu propia boca
pregunto también si podrías caber en mis palabras
como lo haces en mi sexo
y si podría hallarte en mi
como lo hacen los olores en el cuerpo.
tu sexo cabe en el mío
como tu lengua en mi boca
pero no cabemos los dos en un solo nombre
o en imaginarios
tampoco en las más simples palabras
somos dos animales sin madriguera
en un invierno de cuerpos helados
en el que no caben más preguntas.
Sirena - (1946)
¿cómo será perderse en un tiempo hecho de agua?
jugar a ser sirena vieja,
tan profunda como un abismo que se ahoga
y sólo el tiempo
entonces sólo agua
el paisaje más vacío
hecho de nada
l l e n o d e a g u a
andando como algún tiempo más lento
afectando algas imaginarias
que se conciben como cabellos humanos
ondeándose
al viento, al tiempo y al blanco
rozando ya caído
ese pezón duro
y ennegrecido
formando en contraste los años suyos
los de ella.
su gesto de adios avanza con ese
tiempoagua
ella, con el cuerpo de viento inmenso
que sale de su boca
para soplar su cabello:
algas blancas y largas.
Catedral 1962.
un día te hallé dentro de la catedral de la fotografía.
eras una imagen borrosa que envejecía sobre los bancos de madera. me cubrías con la piel, te tocabas para tocarme y pensabas en mí. otro día eras el polvo de los papeles, que se alejaban de la catedral con el viento, ya no me guardaba dentro tuyo y cubría un sueño sobre los bancos de madera, como tu, mamá, dentro de una fotografía que terminaría por ser un paisaje lento y eterno. al día siguiente estabas lejos, yo era el polvo de los papeles huyendo de la catedral y nos escribía una mujer acurrucándose en los mismos bancos en los que ambas habíamos estado sentadas. después ya no existías yo estaba lejos y esa mujer iba convirtiéndose en el polvo de papel mientras otra, seguía escribiendo desde la catedral, dentro de la fotografía.
la voz de Murata cae de su cuerpo cansado como las hojas cayeron de sus árboles, los que recuerda. la tibieza extingue a ser fantasma, extingue por las palmas de sus manos tan viejas como sagradas que formaron en arcilla mujeres mutiladas y hombres de cartón al agua durmiendo sus cuerpos en el híbrido de estaciones donde envejecer y tomando la forma de elefante del árbol caído. Murata ha cerrado ya los ojos. su reino en solo queda heredado también a la muerte y su inmortalidad es un mito que se destierra a una arcilla sin forma o a un tiempo que ya no le pertenece, en el que sus hombres y mujeres cantan como a la muerte de un dios y desde el encierro que Murata no era inmortal.


