sábado, 19 de mayo de 2007

Fotografías Escritas. Noviembre, 2002. Dedo Crítico.

preguntas negligentes

me pregunto si podría caber en una palabra

al igual que mi cintura lo hace entre tus manos

y si es así,

nuevamente pregunto si la nombrarías

cuando tu cuello se alargue entre mis manos

y recibas de mi boca,

tu propia boca

pregunto también si podrías caber en mis palabras

como lo haces en mi sexo

y si podría hallarte en mi

como lo hacen los olores en el cuerpo.

tu sexo cabe en el mío

como tu lengua en mi boca

pero no cabemos los dos en un solo nombre

o en imaginarios

tampoco en las más simples palabras

somos dos animales sin madriguera

en un invierno de cuerpos helados

en el que no caben más preguntas.



Sirena - (1946)

¿cómo será perderse en un tiempo hecho de agua?

jugar a ser sirena vieja,

tan profunda como un abismo que se ahoga

y sólo el tiempo

entonces sólo agua

el paisaje más vacío

hecho de nada

l l e n o d e a g u a

andando como algún tiempo más lento

afectando algas imaginarias

que se conciben como cabellos humanos

ondeándose

al viento, al tiempo y al blanco

rozando ya caído

ese pezón duro

y ennegrecido

formando en contraste los años suyos

los de ella.

su gesto de adios avanza con ese

tiempoagua

ella, con el cuerpo de viento inmenso

que sale de su boca

para soplar su cabello:

algas blancas y largas.


Catedral 1962.

un día te hallé dentro de la catedral de la fotografía.

eras una imagen borrosa que envejecía sobre los bancos de madera. me cubrías con la piel, te tocabas para tocarme y pensabas en mí. otro día eras el polvo de los papeles, que se alejaban de la catedral con el viento, ya no me guardaba dentro tuyo y cubría un sueño sobre los bancos de madera, como tu, mamá, dentro de una fotografía que terminaría por ser un paisaje lento y eterno. al día siguiente estabas lejos, yo era el polvo de los papeles huyendo de la catedral y nos escribía una mujer acurrucándose en los mismos bancos en los que ambas habíamos estado sentadas. después ya no existías yo estaba lejos y esa mujer iba convirtiéndose en el polvo de papel mientras otra, seguía escribiendo desde la catedral, dentro de la fotografía.



la voz de Murata cae de su cuerpo cansado como las hojas cayeron de sus árboles, los que recuerda. la tibieza extingue a ser fantasma, extingue por las palmas de sus manos tan viejas como sagradas que formaron en arcilla mujeres mutiladas y hombres de cartón al agua durmiendo sus cuerpos en el híbrido de estaciones donde envejecer y tomando la forma de elefante del árbol caído. Murata ha cerrado ya los ojos. su reino en solo queda heredado también a la muerte y su inmortalidad es un mito que se destierra a una arcilla sin forma o a un tiempo que ya no le pertenece, en el que sus hombres y mujeres cantan como a la muerte de un dios y desde el encierro que Murata no era inmortal.




2 comentarios:

Fernando Obregón Rossi dijo...

Buenos poemas Cecilia!! Bienvenida a la blogósfera. Te espero en http://pospost.blogspot.com/

Milena dijo...

"pregunto también si podrías caber en mis palabras
como lo haces en mi sexo
y si podría hallarte en mi
como lo hacen los olores en el cuerpo.
tu sexo cabe en el mío
como tu lengua en mi boca..."

su lengua cabe perfecta en nuestro sexo, su sexo no cabe en nuestra boca, provoca arcadas, es largo y si lo mete mucho, da ganas de vomitar, su sexo tambien odia nuestra boca, como sus ojos odian cuando se arrugan los muslos de la boca y sueltan alguna palabra dirigida a el... no contesta, y si contesta da igual, sus manos odian mi mirada, por eso se acerca y me besa, para cerrar los ojos y solo sentir mi lengua deslizandose entre sus labios, su cama detesta el olor de mi cuerpo, por eso antes de que amaneza me dice.. regresate a tu casa por favor.